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EL CIELO

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La sabiduría de los ángeles del Cielo

265. Cuan grande es la sabiduría de los ángeles del cielo puede difícilmente comprenderse, puesto que trasciende a la sabiduría humana tanto que no pueden compararse, y lo que trasciende así parece como si fuese nada. Algunas cosas que servirían para su descripción son también desconocidas y antes de ser conocidas existen en el entendimiento como sombras, impidiendo así ver la cosa tal como es en sí misma, pero no obstante esto, son tales que se pueden conocer y, conociéndose, pueden concebirse, con tal que agraden a la mente, porque el agrado lleva consigo luz, puesto que procede del amor, y a los que aman las cosas que pertenecen a la sabiduría Divina y Celestial radia luz desde el cielo, causando ilustración.

266. Cuan grande es la sabiduría de los ángeles puede concluirse por el hecho de que están en la luz del cielo, y que la luz del cielo es en su esencia la Divina verdad, o sea la Divina sabiduría, y esta luz ilumina igualmente su vista interior, que es la de la mente, y su vista exterior, que es la de los ojos (que la luz del cielo es la Divina verdad, o sea la Divina sabiduría, se puede ver arriba, n. 126-133). Los ángeles se hallan también en el calor celestial, el cual en su esencia es el Divino bien, o sea el Divino amor, por el cual tienen inclinación y deseo de ser sabios (que el calor del cielo es el Divino bien, o sea el Divino amor, puede verse arriba, n. 133-140). Que los ángeles se hallan en sabiduría hasta el punto de que se les puede llamar sabidurías, puede concluirse por esto de que todos sus pensamientos é inclinaciones fluyen según la forma celestial, cuya forma es la forma de la Divina sabiduría, y que sus cosas interiores, que reciben la sabiduría, se hallan compuestas según esta forma (que los pensamientos y las inclinaciones de los ángeles fluyen según la forma del cielo, de consiguiente también su inteligencia y sabiduría, se puede ver arriba, n. 201-212). Que los ángeles tienen una sabiduría supereminente puede ser claro también por eso de que su habla es el habla de la sabiduría, porque fluye directamente y espontáneamente del pensamiento, y este de la inclinación, de manera que su habla es el pensamiento del afecto, en forma exterior; de ahí que nada les abstrae del influjo Divino, y nada hay en ellos de esas cosas exteriores que en el hombre, en su habla, se introducen de otros pensamientos (que el hablar de los ángeles es el hablar de sus pensamientos e inclinaciones se puede ver n. 234-245). A esta sabiduría en los ángeles contribuye también esto, de que todas las cosas que ven con los ojos y perciben con los sentidos concuerdan con su sabiduría, puesto que son correspondencias y de consiguiente que los objetos son formas representativas de cosas que pertenecen a la sabiduría (que todas las cosas que se ven en los cielos son correspondencias con el interior de los ángeles y que son representaciones de su sabiduría puede verse arriba, n. 170-182). Además los pensamientos de los ángeles no son limitados o contraídos mediante ideas de espacio y tiempo, como los pensamientos humanos, porque los espacios y los tiempos son propios de la naturaleza y lo que es propio de la naturaleza distrae la mente de lo espiritual y priva la vida intelectual de extensión (que las ideas de los ángeles son sin tiempo y espacio, y así ilimitadas en comparación con las ideas humanas, puede verse arriba, n. 162-169 y 191-199). Los pensamientos de los ángeles tampoco tienden hacia cosas terrestres y materiales, ni son disturbados por los cuidados de las necesidades de la vida y por ellos aparatados del goce de la sabiduría como los pensamientos de los hombres en el mundo; porque todas las cosas tienen gratuitamente del Señor, son vestidos gratuitamente, nutridos gratuitamente y alojados gratuitamente (n. 181-190), y, además de esto, reciben goces y placeres según la recepción de la sabiduría del Señor. Esto se ha dicho a fin de que se sepa de donde los ángeles tienen tan grande sabiduría.

267. La razón por la cual los ángeles pueden recibir tan grande sabiduría es que sus interiores se hallan abiertos y que la sabiduría, como toda perfección, aumenta hacia los interiores, es decir, según el grado de su apertura. En cada ángel hay tres grados de vida correspondientes a los tres cielos (véase n. 29-40); aquellos en quienes se halla abierto el primer grado están en el primer cielo o sea en el último, aquellos en quienes está abierto el segundo grado están en el segundo cielo o sea en el intermedio, aquellos en quienes el tercer grado está abierto se hallan en el tercer cielo o sea en el íntimo, según estos grados es la sabiduría de los ángeles en el cielo; por ello la sabiduría de los ángeles del íntimo cielo excede inmensamente a la sabiduría de los ángeles del cielo intermedio, y la sabiduría de estos a la sabiduría de los ángeles del último cielo (véase arriba, n. 209-210, y de como son los grados, n. 38). La razón de haber tal distinción .es que las cosas que se hallan en un grado superior son singulares, y las que están en un grado inferior, comunes, y las cosas comunes son los continentes de las singulares, las singulares se hallan con respecto a las comunes como mil o miríadas a una; así también la sabiduría de los ángeles de un cielo superior a la sabiduría de los ángeles de un cielo inferior, respectivamente: pero la sabiduría de estos excede, sin embargo, a su vez a la sabiduría del hombre, porque el hombre se halla en el cuerpo y en las cosas sensuales del mismo, y las cosas corporales y sensuales del hombre se hallan en el grado más inferior. Por esto se ve claramente como es la sabiduría de los que piensan a raíz de las cosas sensuales, esto es, los que se llaman hombres sensuales, es decir, que no se hallan en sabiduría alguna sino tan sólo en ciencia. Muy diferente es el caso con aquellos hombres cuyos pensamientos se hallan elevados sobre las cosas sensuales, y mayormente con aquellos cuyas cosas interiores están abiertas hasta hallarse en la luz del cielo.

268. Cuan grande es la sabiduría de los ángeles puede constar por eso de que en los cielos tiene lugar una comunicación de todo; la inteligencia y sabiduría de uno se comunica a otro; el cielo es una comunicación de todos bienes; la causa es que el amor celestial por su carácter quiere que lo suyo sea de otro, por lo cual nadie en el cielo percibe su bien en sí mismo como bien a menos de hallarse este bien también en otro: de ahí viene asimismo la felicidad del cielo; esto derivan los ángeles del Señor, cuyo amor Divino es así. Que en el cielo hay tal comunicación me ha sido dado saber también por experiencia; ciertos simples han sido a veces elevados al cielo, y hallándose allí han entrado igualmente en sabiduría angelical, y entonces han entendido cosas que antes no podían comprender, y han hablado cosas que en el anterior estado no hubieran podido pronunciar.

269. La naturaleza de la sabiduría de los ángeles no se puede describir con palabras, sino tan sólo ilustrar con algunas cosas comunes. Los ángeles pueden exprimir con una palabra lo que el hombre no puede con mil palabras, y además se encuentra en una sola palabra angelical innumerables cosas que con palabras de lengua humana de ninguna manera pueden expresarse; porque en cada detalle que hablan los ángeles hay arcanos de sabiduría en continuo nexo, los cuales la ciencia humana nunca alcanza; lo que los ángeles no pueden interpretar con las palabras de su habla suplen también mediante el sonido, en el cual se halla por su orden la inclinación al objeto, porque según se ha dicho arriba (n. 236, 241) mediante el sonido exprimen las inclinaciones, y mediante las palabras las ideas del pensamiento procedentes de las inclinaciones; de ahí viene el que se llama indecible lo que se oye en el cielo. Los ángeles pueden también con unas cuantas palabras expresar todos los detalles que se hallan escritos en un tomo entero de algún libro, y poner en cada palabra cosas que elevan a la sabiduría interior; porque su habla es tal que concuerda con las inclinaciones, y cada palabra con las ideas; las palabras varían también de infinitos modos, según las series de cosas que en complejo se hallan en el pensamiento; los ángeles íntimos pueden asimismo, por el sonido y por algunas palabras del que habla, conocer toda su vida; porque por el sonido, que varia según las ideas de las palabras, perciben su amor reinante, en el cual se hallan, como si fueran inscritas los detalles de su vida. Consta por esto de que naturaleza es la sabiduría de los ángeles. La sabiduría de ellos con relación a la sabiduría humana es como la miríada a la unidad, comparativamente como las fuerzas motrices del cuerpo en su conjunto a la acción producida por ellas, cuyas fuerzas a los sentidos humanos parecen ser una sola fuerza; o bien como los mil detalles de un objeto observado a través de un perfecto microscopio, a la masa confusa que aparece ante la simple vista. Ilustraré también esto con un ejemplo: un ángel explicó por su sabiduría el proceso de la regeneración, desenvolviendo del mismo por su orden hasta un centenar de arcanos, llenando cada uno de los arcanos con ideas en las cuales había arcanos interiores; y esto desde el principio hasta el fin. Era que expuso de que manera el hombre es engendrado de nuevo, llevado, por así decir, en las entrañas de la madre, nace, crece y se perfecciona sucesivamente; dijo que hubiera podido aumentar el número de arcanos hasta varios millares; que los que había expuesto se referían tan sólo a la regeneración del hombre exterior, y que refiriéndose a la regeneración del hombre interior, serían innumerables más.   Por estas y parecidas cosas, que he oído decir a los ángeles, me consta cuan grande es su sabiduría y en comparación, cuan grande es la ignorancia del hombre, que apenas sabe lo que es la regeneración, ignorando en absoluto los múltiples momentos y detalles en el progreso de la misma.

270. Hablaremos ahora de la sabiduría de los ángeles del tercero o sea íntimo cielo, y cuanto esta exceda a la sabiduría de los ángeles del primero o sea extremo cielo. La sabiduría de los ángeles del tercer o sea íntimo cielo es incomprensible también para los que están en el último cielo. La causa es que las cosas interiores de los ángeles del tercer cielo se hallan abiertas hasta el tercer grado, pero las cosas interiores de los ángeles del primer cielo tan sólo al primer grado, y toda sabiduría crece hacia el interior y es perfeccionada según el grado de su apertura (n. 208-267). Puesto que las cosas interiores de los ángeles del tercer o sea íntimo cielo se hallan abiertas hasta el tercer grado, se hallan, por así decir, inscritas en ellas las verdades Divinas, porque las cosas interiores del tercer grado se hallan en la forma del cielo con preferencia a las cosas interiores del segundo y primer grado, y la forma del cielo proviene de la Divina verdad, por consiguiente según la Divina sabiduría; de ahí que en estos ángeles las Divinas verdades aparecen como inscritas, o como implantadas o innatas; por lo cual tan pronto como oyen genuinas verdades Divinas, las reconocen inmediatamente y las perciben, y luego las ven, por así decir, dentro de sí. Puesto que los ángeles de ese cielo son tales, nunca raciocinan sobre verdades Divinas, aun menos discutan sobre una verdad, si es o no es así, ni saben lo que es creer o tener fe; porque dicen: "¿Qué es fe?—ya que percibo y veo que así es." Ilustran esto con comparaciones; por ejemplo, que sería como si uno con un compañero viera una casa y varias cosas dentro de ella, y dijera al compañero que se debe creer que estas cosas son, y que son tales como las ve, o como cuando alguien ve un jardín y en este, árboles y frutos, y dijera a su compañero que debía tener la fe de que es un jardín y que son árboles y frutas, cuando, sin embargo, los ve claramente con sus ojos; de ahí viene que estos ángeles nunca hablan de la fe, ni tienen de ella idea alguna, por lo cual tampoco raciocinan sobre las verdades Divinas, aun menos disputan sobre una verdad, si es o no es así. Por otra parte, los ángeles del primero o sea extremo cielo no tienen las verdades Divinas así inscritas en su interior, puesto que para ellos no está abierto más que el primer grado de vida; estos raciocinan por lo tanto sobre ellas, y los que raciocinan apenas ven más que el objeto del asunto sobre el cual raciocinan, o apenas pasan fuera del sujeto más que para confirmarlo por algunas cosas, y habiéndolo confirmado, dicen que estas verdades deben pertenecer a la fe y que se han de creer; de estas cosas he hablado con los ángeles, quienes han dicho que entre la sabiduría de los ángeles del tercer cielo y la sabiduría de los ángeles del primer cielo hay tanta diferencia como entre la luz y la oscuridad. Asimismo han comparado la sabiduría de los ángeles del tercer cielo con un magnífico palacio, lleno de todas cosas útiles, alrededor del cual se extienden paraísos por todas partes, y alrededor de estos cosas magníficas de varias clases, pudiendo los ángeles aquellos, puesto que se hallan en las verdades de la sabiduría, entrar en el palacio y ver todo, y también pasearse por los paraísos por donde quieran y disfrutar de todo. Diferente es el caso con aquellos que raciocinan sobre las verdades y más aun los que disputan sobre ellas. Estos, puesto que no ven las verdades por la luz de la verdad, sino que las adquieren, sea de otro o sea del sentido literal del Verbo, cuyo sentido no comprenden en cuanto a su interior, dicen que se han de creer, o que se debe tener fe, y en ellos no quieren que penetre la vista interior; de estos dijeron que no pueden llegar al primer umbral del palacio de la sabiduría, menos aun entrar en él y pasearse por sus paraísos, porque se quedan parados al primer paso. Otra cosa sucede con los que se hallan en las verdades mismas; nada impide a estos de adelantar y progresar sin límite porque las verdades, vistas y reconocidas, conducen siempre adelante y a anchos campos, puesto que cada verdad tiene infinita extensión y conjunción con múltiples otras. Además han dicho que la sabiduría de los ángeles del íntimo cielo consiste con preferencia en que ven cosas Divinas y celestiales en todo objeto particular, y maravillas en una serie de varios; porque todo cuanto aparece ante los ojos de ellos corresponde, como por ejemplo cuando ven palacios y jardines no detienen su intuición en las cosas que se hallan delante de los ojos, sino que ven las cosas interiores de las cuales provienen, o sea a las cuales corresponden; y esto con toda variación, según el aspecto del objeto, sea innumerables cosas simultáneamente por orden y relación, las cuales entonces alegran a sus mentes tanto que les parece ser abducidos de sí mismos. Que todas las cosas que aparecen en los cielos corresponden a cosas Divinas que son del Señor en los ángeles, se puede ver arriba (n. 170-176).

271. La razón por la cual los ángeles del tercer cielo son tales es que se hallan en amor al Señor, y este amor abre hasta el tercer grado las cosas interiores que son de la mente, y es un receptáculo de todas las cosas de la sabiduría. Además hay que saber que los ángeles del íntimo cielo son, sin embargo, continuamente perfeccionados en sabiduría, y esto por lo demás de otra manera que los ángeles del último cielo. Los ángeles del íntimo cielo no detienen las Divinas verdades en la memoria, y por consiguiente tampoco hacen de ellas objetos de ciencia, sino que tan pronto como las oyen las perciben y las introducen en el vivir; de ahí que las Divinas verdades en ellos quedan como inscritas, porque lo que se entrega a la vida permanece de esta manera en el interior. El caso es diferente con los ángeles del último cielo; estos deponen primeramente las Divinas verdades en la memoria y las esconden en el saber, y de ahí las sacan, perfeccionando con ellas su entendimiento y sin percepción interior si son verdades, las quieren y las entregan al vivir: de ahí que ellos están comparativamente en oscuridad. Digno de mención es que los ángeles del tercer cielo son perfeccionados mediante el oído pero no mediante la vista; las cosas que oyen de predicaciones no entran en su memoria, sino directamente en la percepción y voluntad y son hechas pertenencias de la vida; por otra parte, las cosas que estos ángeles ven con sus ojos, estas entran en su memoria y de ellas raciocinan y hablan; consta por esto que la vía del oído es para ellos la vía de la sabiduría; esto también a causa de la correspondencia porque el oído corresponde a la obediencia y la obediencia es del vivir; pero el ojo corresponde al entendimiento y el entendimiento es de la doctrina. El estado de estos ángeles se describe también en distintos lugares en el Verbo, como en Jeremías:

Daré mi ley en sus mentes y la escribiré en sus corazones... no enseñará más ninguno a su amigo y ninguno a su hermano, diciendo: conoced a Jehová, porque todos me conocerán desde el más pequeño de ellos hasta el más grande (31: 33, 34).

Y en Mateo:

Sea vuestro hablar sí sí; no, no; lo que es más de esto del mal procede (5: 37).

“Que lo que es más de ello, procede del mal," es porque no procede del Señor, siendo así que las verdades que moran en los ángeles del tercer cielo son del Señor, puesto que se hallan en amor a Él; el amor al Señor en ese cielo es querer y hacer la Divina verdad, porque la Divina verdad es el Señor en el cielo.

272. Además de las causas arriba referidas, la causa de que los ángeles pueden recibir tanta sabiduría, y la que en el cielo también es la principal, es que se hallan sin amor a sí mismo, porque tanto como alguien se halla sin amor así mismo, tanto puede ser sabio en cosas Divinas: ese amor es el que cierra al Señor y al cielo las cosas interiores, y abre las cosas exteriores y las vuelve hacia sí, por lo cual todos aquellos en quienes reina el referido amor se hallan en negras tinieblas con respecto a las cosas que son del cielo, sea cual fuere la luz en que se hallan con respecto a las cosas que son del mundo. Pero los ángeles, por su parte, puesto que se hallan sin el mencionado amor, están en la luz de la sabiduría; porque los amores celestiales en los que se hallan, los cuales son el amor al Señor y el amor al prójimo, abren el interior, puesto que los mencionados amores son del Señor, y en ellos se halla el Señor Mismo (que los referidos amores hacen el cielo en general, y forman el cielo en cada uno particularmente, puede verse arriba, n. 13-19). Puesto que los amores celestiales abren las cosas interiores al Señor, vuelven por lo mismo todos los ángeles sus rostros hacia el Señor (n. 142), porque en el mundo espiritual es el amor que vuelve las cosas interiores de cada uno hacia sí, y hacia donde vuelven las cosas interiores, vuelve también el rostro, porque allí el rostro obra como uno con las cosas interiores, puesto que es su forma exterior. Siendo así que el amor vuelve las cosas interiores y el rostro hacia sí, por lo mismo se une también con ellos, porque el amor es una conjunción espiritual; por ello les comunica también lo suyo; por esta conversión, y por la consiguiente conjunción y comunicación, tienen los ángeles sabiduría. Que toda conjunción en el mundo espiritual es según la conversión, se puede ver arriba (n. 255).

273. Los ángeles son continuamente perfeccionados en sabiduría; pero, sin embargo, no pueden en toda eternidad ser perfeccionados hasta el punto de que haya proporción alguna entre su sabiduría y la sabiduría Divina del Señor; porque la sabiduría Divina del Señor es infinita y la de los ángeles finita, y no hay proporción entre lo infinito y lo finito.

274. Puesto que la sabiduría perfecciona a los ángeles y constituye su vida, y puesto que el cielo con sus bienes influye en cada uno según su sabiduría, por esto mismo todos allí la desean y la anhelan casi como el hombre que tiene hambre desea la comida.   La ciencia, la inteligencia y la sabiduría son, en efecto, alimento espiritual como la comida es alimento natural; se corresponden asimismo mutuamente.

275. Los ángeles en un mismo cielo y también en una misma sociedad no se hallan en similar sabiduría sino en diferente; en mayor sabiduría se hallan los que están en el medio, en menor los que se hallan alrededor hasta los bordes. La disminución de la sabiduría según la distancia del centro es como la disminución de la luz que poco a poco se convierte en sombra (véase arriba, n. 43-128). La luz entre ellos se halla también en proporción correspondiente, puesto que la luz del cielo es la Divina sabiduría, y cada uno se halla en luz según y conforme la recepción (acerca de la luz del cielo y de su variada recepción véase arriba, n. 126-132).

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El capítulo previo[29] §§ 258—264 La escritura en el Cielo